Cuando te conté la seducción entre N e io, dije que nos dimos el beso de despedida en la mejilla y poco a poco los labios se fueron juntando; pero, probablemente no haya sido así.
Años antes, hice un viaje grupal al extranjero y después del mismo, hubo varios encuentros entre los que participamos de dicha experiencia.
Pues bien, MA era una muchachilla ex compañera de dicho viaje sin pena ni gloria. De hecho ella viajó junto a a su hermano y su mamá; y ésta, su madre, sí que era atractiva. Incluso, en aquel país hubo un pequeño flirteo entre la mamá y el suscrito.
Bueh, en una de esas reuniones de ex viajeros, nos despedimos MA, la chica (unos 20 años) e io, y nos fundimos en un abrazo-coito de apenas unos segundos.
Ahhhhhhh, qué sensación.
La volteo a ver y reconozco que su cuerpo es totalmente intrascendente: no tiene nalgas, sus piernas ni las conocí (porque a mí me gustan las piernas llenas y bien formadas, como las de Tutú), sus pechos tampoco eran algo del otro mundo; de hecho ella andaba siempre con pantalones y cubierta hasta el cuello.
Peeeero, ese abrazo fue “algo” que ambos vivimos.
Inmediatamente después de eso, le pedí a los pocos segundos, otro abrazo, y… se negó rotundamente.
Hubo alguna otra reunión en la que volvimos a cruzarnos MA e io y nanai que quiso volver a repetir la experiencia ella; tan solo un apretón de manos y el consabido beso en la mejilla.
Pienso (siempre lo he pensado) que si nos hubiéramos dado ese otro abrazo, nos habríamos quedado allí, no segundos, sino minutos o más engarzados y habríamos terminado cogiendo.
Esto lo reflexiono a partir del comentario de tus manos en relación a A y demás hombres, y replanteo mi history con N:
Se levantó y me dijo que ya tenía que irse.
Yo me incorporé y, antes de darnos el beso de despedida en la mejilla, nos fundimos en un abrazo mágico; en ese momento nuestros cuerpos se re conocieron. Éramos amigos de años, fiestas, tertulias, alcohol, bailes, pero nunca nos habíamos engarzado como en esa ocasión.
Habíamos fumado mariguana, a mí la droga siempre me incrementó los sentimientos.
La cosa es que ese abrazo, ahora así lo veo, fue el verdadero inicio del acercamiento entre N e io.
Abrazados pues, iniciamos esos resoplidos característicos de los entes calientes; entonces sí nuestras mejillas se pegaron una a la otra y, al mismo tiempo de ir desplazando nuestros rostros hacia los labios, ya mis manos estaban magullando sus nalguitas. De allí bajé a la zona vaginal y le quité el calzón.
Y a partir de aquí, la historia continúa como ya fue contada.