lunes, 22 de abril de 2019

Reflexión sabatina primaveral

(aunque sea vigilia)

Aunque el pene y la oquedad vaginal son el principio de los complementos, pienso que los dedos toqueteando el pubis no cantan mal las rancheras y ni es tan figurado el sentido, sobre todo si de usar los labios se trata...
Por cierto, la boca ensalivando pezones replica (palabrita de moda) el principio mismo de la vida y... del placer más primitivo.
¡Ah, qué rico es mamar tetas!

Tuve una amiga, por cierto, que no le gustaba que mis dedos le acariciaran la vagina.
–Con el pene lo que quieras... –decía.

Hubo otras, en cambio, a las que les hacía unas deliciosas lamidas: la lengua recorría todos los pliegues vaginales...
Ah, qué sabores tan exquisitos...
También he estado con mamadoras de verga... de ésas que gozan teniendo el cuerpo fálico en su boca.

Otro esquema interesante (para mí, sólo eso: interesante) es el coito anal.
No cabe duda (aunque el pene sí quepa) que el acomodo de la delicia alegre es cogerse a su majestad la vagina.
El culo tiene lo suyo, tal vez el sentir un cierto poder sobre la otra parte (o pareja, en su caso); pero, insisto, coger coger, lo que se dice coger, es, después quizás de varios recorridos lingüis-corpus (de ambas partes), una buena metida de verga en la exquisitez de la vagina, en compañía de la fricción del viejo mete-saca.

Ahora, viagra de por medio, las historias pueden ser las mismas...

Recuerdo una frase sabia de una amiga: "coger todo lo cura".
Y otra frase de otra amiga: "Siento el palpitar en la punta de tu pene" a la que yo le dije: "sangre al fin".

Abril/06/2019

Ornella –divertimento–


Me enamoré de ti antes de pertenecer al arte, a las letras y... a la tomadera...

Caminabas con un desparpajo inusual.
Tu belleza era única. Habías traído de Italia la esencia latina mediterránea.
No quisiste coger conmigo cuando yo estaba en plenitud y rozagante...
Me dijiste sin más:
–Antes me acostaba con cualquier tipo casi que nomás saludándonos pero... ahora no... he cambiado. Soy otra.
Yo me mantuve estoico ante semejante confesión y, obvio, con la erección bajo el pantalón.
¿Que si no te la quería meter?
Pero por supuesto que sí; ya nos habíamos echado un buen faje postbaile. Te había toqueteado esas tetas sin sostén (como buena europea). La verdad no recuerdo si te chupe los pezones o no.
De lo que sí me acuerdo es ps... que no cogimos...

Ahora que te vi un poco mucho con edad avanzada y otro poco mucho con sobrepeso y otro otro poco mucho mucho de tetacáida (y aún sin sostén)... la verdad que ya ni siquiera me excité.

Quién sabe cómo me habrás visto tú.
Esto sin embargo no es relevante para mí porque yo soy el que está contando el cuento.

Creo que hasta ahora me desenamoré de ti. Qué bueno que nos vimos.

Ah, ¿sabes algo? A tu hermanita la Meli... ps a ella sí que no tuve otra alternativa más que... hacer lo que contigo no hice: coger como loco mañana tarde y... hasta ahí, durante dos o tres meses, los que estuve allá en Roma con motivo de mi estancia fugaz.
En las noches no cogíamos porque ella tenía que dormir en la casa de tus papás.

Y ya, acá entre nos, con tu mima la Mela... ps también tuve que hacerle el favor. Con ella sí: de nochecita...

¿Y sabes una cosa?
Siempre que le metía la verga a tu parentela, siempre siempre pensaba que era contigo con quien lo hacía.
Me cae. Mira: por ésta.