Me enamoré de ti antes de pertenecer al arte, a las letras y... a la tomadera...
Caminabas con un desparpajo inusual.
Tu belleza era única. Habías traído de Italia la esencia latina mediterránea.
No quisiste coger conmigo cuando yo estaba en plenitud y rozagante...
Me dijiste sin más:
–Antes me acostaba con cualquier tipo casi que nomás saludándonos pero... ahora no... he cambiado. Soy otra.
Yo me mantuve estoico ante semejante confesión y, obvio, con la erección bajo el pantalón.
¿Que si no te la quería meter?
Pero por supuesto que sí; ya nos habíamos echado un buen faje postbaile. Te había toqueteado esas tetas sin sostén (como buena europea). La verdad no recuerdo si te chupe los pezones o no.
De lo que sí me acuerdo es ps... que no cogimos...
Ahora que te vi un poco mucho con edad avanzada y otro poco mucho con sobrepeso y otro otro poco mucho mucho de tetacáida (y aún sin sostén)... la verdad que ya ni siquiera me excité.
Quién sabe cómo me habrás visto tú.
Esto sin embargo no es relevante para mí porque yo soy el que está contando el cuento.
Creo que hasta ahora me desenamoré de ti. Qué bueno que nos vimos.
Ah, ¿sabes algo? A tu hermanita la Meli... ps a ella sí que no tuve otra alternativa más que... hacer lo que contigo no hice: coger como loco mañana tarde y... hasta ahí, durante dos o tres meses, los que estuve allá en Roma con motivo de mi estancia fugaz.
En las noches no cogíamos porque ella tenía que dormir en la casa de tus papás.
Y ya, acá entre nos, con tu mima la Mela... ps también tuve que hacerle el favor. Con ella sí: de nochecita...
¿Y sabes una cosa?
Siempre que le metía la verga a tu parentela, siempre siempre pensaba que era contigo con quien lo hacía.
Me cae. Mira: por ésta.
Me cae. Mira: por ésta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario