sábado, 23 de marzo de 2019

Ellos


Siempre terminan exhaustos; sin embargo, a la hora en la que deciden separarse, en función del sitio, y precedidos o no de una refrescante ducha, se visten amorosos y con cierta parsimonia.

Ella había experimentado prácticas sexuales extramaritales durante los primeros seis años de casada, justo antes de buscar su primer embarazo. "Es que las acciones 'del cuerpo' se impregnan en los hijos que se traen en el vientre" decía.
Ahora, cuando los descendientes de Marifer ya se valen por sí mismos, pero sobre todo debido a que encontró al individuo con quien sabe que puede fornicar sin complicaciones -ni compromisos de ninguna índole-, se ve con él de una a dos veces por semana.

Siempre le da por recordar aquel filme de Luis Buñuel, en el que una bella y posicionada dama, decide trabajar de prostituta durante el día, con lo que las relaciones sexuales con su marido mejoran notablemente.
Y es que aquí ha pasado algo similar, pues con su esposo se acuesta prácticamente cada cuatro o cinco días, con resultados más que aceptables.

El amor y la fidelidad, a su entender, no tienen nada que ver con las actividades diversas que puede realizar con uno o varios hombres simultáneamente. Y el haber llegado a esta forma de pensamiento, no fue nada sencillo, imbuida como ha estado, hasta el tuétano, de una serie de 'principios del deber ser' en el esquema de la moral judeo cristiana.

Con uno puede compartir idas al cine y al teatro, con otro, más de una buena degustación gastronómica, y con el que podría llamarse 'su amante', como ya se ha expuesto, el coito (y todo lo que éste conlleva).

Álvaro había llegado a ella de una manera diferente; por una extraña razón, se había auto impuesto una abstinencia sexual durante los últimos años.
Al igual que Marifer, tiene pareja "estable", con quien reside en las afueras de la ciudad, y también tiene descendientes que, como los de ella, son autosuficientes.
Obviamente, al pertenecer a la misma sociedad, todos observan la misma normatividad tácita.

Últimamente, después del ejercicio de la sexualidad propiamente dicho, se van poniendo la ropa con una sensualidad tal que pareciera, y de hecho lo es, una especie de rito continuo bastante placentero.
Cuando ella se cuelga el sostén, él la ve fijamente a los ojos al tiempo que Marifer, sonriendo, se gira ligeramente con el objeto de que Álvaro le prenda la presilla de la parte posterior.
Su cuello entonces recibe el beso masculino con los labios 'hacia adentro', esto es, con el fin de impedir la presencia de los llamados 'chupetones'.
Luego, ambos vuelven a mirarse y, al mismo tiempo, se ponen su ropa interior inferior, pero de manera encontrada, es decir, cada quién se la coloca al otro.
Siempre, cuando las manos femeninas acomodan con delicadeza  el bulto que contiene el aparato reproductor, Álvaro siente un hervor en la sangre, pero por lo general ya no se da la reacción eréctil.
Y cuando él apenas roza el pubis por encima del calzón recién puesto en su lugar, Marifer lanza un gemido apenas percibido por los dos.
Las demás prendas ya se las pone cada quién.


Antes de dejar el recinto, ellos se dan un prolongado y delicioso beso. Y esta caricia es el pacto fino con el que se saben que cumplirán en el siguiente encuentro.

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