"Lo escuché embelesada tocar piano en la sala de música donde cogimos y cogió con muchas más".
Tutú
Mientras sus dedos recorrían el teclado. Ella se transportaba a alguna de aquellas tardes en las que el músico, en ese mismo espacio, le había metido la verga.
"Se sabía que las encerronas musicales en ese sitio sólo cumplían un objetivo: y éste era el de fornicar.
La primera vez que la damita acudió, a los pocos días de haber sido desflorada por el mismo intérprete (en un hotelito cercano), no hubo mucho preámbulo.
Sus senos baboseados por esos labios experimentados exhibían sus calientes pezones.
Muy pronto fueron estrujados, al tiempo que era penetrado su siempre húmedo coño".
El acento melódico hizo que el pianista saltara un poco del banquillo.
"Trabajaba con sus dedos en la vagina de tal suerte que había ocasiones que la levantaba en vilo.
En otras, las nalgas femeninas posaban en el banquillo y sus piernas eran sostenidas por el macho a ambos lados del cuerpo de él. El mete saca rítmico hacía que se bambolearan sus pechos como olas encontradas.
La lengua masculina degustaba a veces del sabroso hoyo básico de la mujer, pero también la izaba, engarzada, y entonces ella rodeaba con los brazos su cuello".
Y ahora lo escuchaba hacer música, pero también se ocupaba del recuerdo, cuando le hacía el amor.
"-Putita- le decía: -eso eres: sucia, perrita de esquina.
Y le pasaba la mano por su plano y admirado vientre, para llevarla enseguida a la inquieta y profunda vagina.
Y ella gozaba de una manera especial.
-Cabalgue, caballita.
Siempre supo que él andaba metiéndose con varias; pero cuando se sabía la elegida, le entregaba su cuerpo con delicia".
Una vez terminada la pieza musical, él levantó el rostro. Ella quería ser mirada y lo fue; en un rato más cogerían...
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