Gira el ventilador en la parte alta de la habitación al tiempo que los amantes retozan.
El ambiente se ha imbuido de extrañas sensaciones, no por desconocidas, sino por su fuerte y lúdica presencia, las que hacen del momento una de esas magnificencias en la intemporalidad.
Intervalos entre horas y... orales han generado desplazamientos corpóreos en recorridos inciertos de tan tiernos, como el sentir intrínseco de la humedad producida por objetos u órganos exprimidos.
Expertos testigos sempiternos del placer, los mismos que comparten lugares y, esporádicamente, ropajes, conformantes de las intimidades que se engarzan cual sonoridad barroca en un 'incontro' entre alientos, percusiones y metales.
Melódicos contrapunteos que encienden e impregnan el espacio, a manera de espirales o rehiletes inversos ante el mismo viento y que, a su vez, en los opuestos-complementos, armonizan la inmensidad de la obra conjunta.
Conjuros comunes y tácticas de antaño en cuanto a entregas y predisposiciones, generan modernas y sutiles diferencias, manifiestas en las delicias que experimentan y paladean, entre alientos y secreciones, las dos humanidades partícipes.
Parecen manantiales de luz y de sonido que alimentan el contexto así como, una vez más: las oquedades, en el destino certero del placer: la genitalidad.
Genialidad que aflora en las actitudes y alimenta los placeres.
En las aspas del abanico se ha reflejado el encuentro de un rostro y la entrepierna: labios llenos que, en instantes recurrentes, degustaron.
Debutante y ocurrente percepción, deliciosa, una vez más, de tan tierna.
Los amantes pues que retozaron en ‘crescendo’, ahora reposan.
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