Tus piernas abiertas reciben la fiesta una vez que han caminado el camino de la noche clandestina.
El rejuego de tus hoyos sudados, así como axilas y pezones mordisqueadas bailan... es la compenetración entre risas y gemidos... eres la hembra que se entrega al macho en la impudicia animal animada.
Vas recibiendo el pene que te alimenta con su semen en un tiempo detenido en tus nubes. Gozas al ser poseída y sufres al ser despedida... lloras la ausencia... del retorno a... la sola soledad... para vivir la espera ansiosa de ser engarzada una vez más, de ser penetrada por la vida del duro instrumento que te hace vibrar. Eliges y coges tu turno, hembra hermosa, ya sudada, ya ensalivada, ya tirada en la cama del motel en turno y... tu belleza aflora...
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