sábado, 23 de marzo de 2019

La sensualidad del tango


Hace tiempo que no tiran.
Ah, pero ese vinito previo y la musiquita que él puso, en verdad te han seducido a grado tal que sin más, te abandonas.
Sus manos ya han ingresado a tus glúteos y los estrujan con vehemencia.
Levantas un poco las nalgas a efecto de sentirte tocada.
Mientras tanto, sus bocas se pasean por los rostros, baboseándose pómulos y comisuras de los labios.
Lenguas inquietas las suyas, que portan saliva y electricidad.
No sabes bailar tango, pero él te ha levantado un poco y empuja tu cuerpo al suyo, en una especie de coito con ropa.
Sus partes bajas se restriegan en un talloneo cachondo. No sabes si avanzar o permanecer en ese engarce por demás delicioso. Besos, jadeos y lamidas van en el crescendo natural que ofreces como puta experimentada.
Él inicia el retiro de las prendas al ritmo de la danza sureña. Continúan levantando las piernas y girando hasta que solamente quedan en calzones.
Tus senos bambolean y su pene desea salir de esos trapos para ingresar a tu cavidad básica.
La pieza termina y se avientan a la cama. Tus manos buscan ansiosas el falo que habrás de degustar.
Te encanta abrir el hoyo para recibirlo.
-Aghhhgghhh- gimes.
-Putita- te susurra el hombre al oído.
Pareciera no ser posible, pero esa palabra te excita sobremanera y se provoca la venida de orgasmos en serie.

Afuera cantan los pajaritos cuando estás recibiendo el semen en tu coño.

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